Derek Michell: Gracias a una cigarrera de oro, mi abuelo inició esta empresa
En este invierno, los peruanos no podemos dejar de apreciar el suave abrigo de la fibra de alpaca. Y ligado a este tema está, desde hace 75 años, Michell & Cía, empresa que, desde Arequipa, ha llevado esa maravilla del Perú al extranjero. Conversamos con Derek Michell, integrante de esta dinastía alpaquera.
Siempre fue mi aspiración entrar a trabajar en Michell & Cía. Desde chico, pasaba un mes de las vacaciones trabajando en alguna parte de la compañía: limpiando pernos, escogiendo fibra o ayudando en alguna de las plantas de Tacna", explica Derek Michell.

¿Desde cuándo está vinculada su familia a la industria textil?
Mi abuelo fundó la compañía hace 75 años. Él era piloto de la Fuerza Aérea Inglesa. Había combatido en la Primera Guerra Mundial, después de la cual Europa quedó destrozada. Un día, en un teatro, vio entrar a una actriz con un abrigo de chinchilla. Él quedó impactado. Le preguntó dónde se conseguía eso y ella le dijo que en el Perú.

Pero no encontró chinchilla.
No. Pero, siendo emprendedor y aventurero -se metió a la selva a buscar oro, petróleo, se perdió, salió en Bolivia, su socio lo estafó; le pasó de todo-, llegó a Juliaca y encontró que se comercializaba fibra de alpaca. Pero todo, en realidad, comenzó con una cigarrera de oro.

¿Cómo así?
Este socio lo había dejado sin plata. Él empeñó la cigarrera y así empezó a comprar sus primeros quintales de alpaca. Después la recuperó y la tenemos en la empresa. Cuando él comenzó, la fibra se empacaba y se mandaba a Bradford, en Inglaterra, y a Boston, en Estados Unidos. Y después de seis meses, los dueños de las casas iban para que les liquidaran. Mi abuelo cambió eso. Dijo: lo que hagan allá, lo haré acá. Por eso es reconocido en la industria como el que hizo que el negocio de la alpaca fuera peruano y no extranjero.

Esta es una empresa familiar. Tiene sus complicaciones, ¿no?
Tenemos acuerdos que nos permiten llevarla bien. Es un poco más difícil desde el lado personal, porque hay un aspecto emocional importante. Pero, por la misma causa, es más gratificante.

En los 75 años de la empresa, el Perú ha vivido de todo. ¿Cómo lo pasaron?
A mí me ha tocado la época más centrada. Igual que el Perú, la empresa ha tenido épocas mejores que otras, pero creo que lo más importante ha sido creer en el negocio como familia.

El gobierno de Velasco, el terrorismo y la hiperinflación debieron afectarlos.
En el gobierno militar nos quitaron un pedazo de una fábrica. La época de Sendero fue muy difícil, como lo fue para todo el país. Nosotros teníamos un fundo dedicado a investigación, en Santa Rosa. Era el mejor, con el mejor profesional. Un día entraron terroristas y, después de tres días de maltratarlos, asesinaron al gerente general y a un profesor de la Universidad Agraria, que estaba con sus alumnos -a quienes afortunadamente soltaron-. Cerramos la operación inmediatamente. Cuando la situación cambió, durante el gobierno de Fujimori, retomamos el programa de mejoramiento genético.

Tengo entendido que ese es uno de los pilares de la empresa.
Definitivamente. Mientras mejor sea la fibra, mejor será el precio. Debemos tener cada vez más calidad -como la baby alpaca-. La calidad se fue perdiendo por degeneración de los animales. Eso sucedió cuando se perdió el trabajo organizado que se hacía en las grandes haciendas al ser expropiadas, y el que se pudo hacer en las comunidades posteriores, cuando las atacó el terrorismo. Nosotros estamos revirtiendo este proceso, para lo cual tenemos convenios con el IPEN y con la Universidad Cayetano Heredia.

Ustedes son grandes exportadores.
Nosotros acopiamos un 60% aproximadamente de la fibra de alpaca del mundo -porque compramos la del Perú, Australia y la de Estados Unidos, aunque estas últimas no son tan buenas, no hay que asustarse-. Somos muy fuertes exportadores de productos intermedios y, hoy, tenemos una fábrica de chompas muy exitosa. Hace tres años abordamos el mercado nacional con las tiendas Sol Alpaca. Nuestros diseños son exclusivos, elegantes y a la moda. Y nos va muy bien.

Michell tiene un concurso de pintura hace muchos años. Otras empresas lo han intentado y han caído.
Hace 27 años, la empresa comenzó este concurso de acuarela que, luego, se extendió al óleo. La cultura es primordial para mejorar la autoestima del país. Por lo mismo, trabajamos la responsabilidad social. A través de una fundación apoyamos el albergue infantil Mirasol, en Puno. En general, ayudamos procurando generar oportunidades. Nosotros creemos que debemos devolverle al país lo que nos ha dado.
Fuente : Peru21
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JULIACA

JULIACA, mi madre tierra,
obra gigante y extraña
de fríos vientos y lluvia
emoción altipampina.

Fuerte granizo de estrellas
canta tu noche en el cielo
para el sueño misterioso
de tus ONCE MILLONES

JULIACA, mi madre tierra,
suma de esfuerzos y fortuna,
la bandera del progreso
en alto haces flamear.

¡Salud! Inquietante suelo
de risueñas calceteras,
cuna de machuaychas y chiñipilcos,
música de cogotudos y panzaccalas.



JULIACA FLOR DEL ALTIPAMPA

Juliaca flor del altipampa
ciudad que alzas de distancia fecunda,
con la insignia bordada siembras el trabajo
obrando empeño que aspira tu ideal.

Cómo salta el viento de frágil remolino
cómo tiembla el frío en la sangre que circula.
Qué extraña es tu aventura en los caminos
corren los vientos silbando presurosos.
Muerden las chilliguas relámpagos de granizo
y las palomas viajeras.
A su paso sorprenden ufanas calceteras.

Vicente Benavente Calla (Juliaca - Perú)
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