EL LENGUAJE DE LA VIDA “El día llegará,/ y en los mares inmensos no veré más mis campos/ fértiles, no veré mis árboles/ verdes, mi viento cercano,/ mi cielo claro,/ mi lago oscuro, mi sol,/ mis nubes,/ ni veré nada, nada, únicamente el/ cielo azul, inmenso” JAVIER HERAUD (El río)
Es primavera como tantas veces lo fue, sin embargo, ésta es distinta.
Hoy nuevamente estoy mirando el lento discurrir del riachuelo que
atraviesa por el centro de nuestro pueblo. El puente desde donde
estoy mirando es cada vez menos importante porque las personas ya no lo
utilizan, prefieren dar un paso por encima de las aguas de lo que fue
un río. Mi padre, y en el colegio los profesores, me cuentan que hace
algunos años este riachuelo era un inmenso río que muchas veces entre
sus aguas se llevó árboles enteros y que en tiempos de sembrío había
que cuidarse de él. Hoy, mi hermano menor construye barcos de papel y
los pone en la poca agua de este riachuelo, cada vez que sale de su
escuela cumple ese extraño ritual, seguro que es sólo un juego, pero yo
presiento que serán los últimos barquitos de papel que se van con el
agua que nunca más volverá.
Más abajo del mismo riachuelo, otros niños obstruyen el paso de esta
casi inútil vena de agua oscura y contaminada, hacen pequeños pozos
donde se reflejan sus rostros, todavía sonrientes, muy cerca, las
niñas saltan de un lado para otro por encima del riachuelo, otras
“lavan la ropa de sus muñecas” en los diminutos pocitos que los niños
han construido; claro, ellos no se dan cuenta de esta ausencia del
agua; además, con un río, éllos no podrían jugar.
Hoy, en el colegio, nos han vuelto a hablar de la importancia del agua,
tal vez por eso me puse a pensar que quizás esta sea una de las más
tristes primaveras. Los arcos de este puente lucen abandonados, las
pequeñas plantas que ornamentaban sus cimientos ya no han vuelto a
nacer, es triste ver los campos secos desde la cima de este puente, ver
los cerros color tierra, pura tierra seca; y más allá de la distancia
ver otra vez las lejanas polvaredas que me hablan de ausencias entre
ese vientecillo que trae un extraño frío ahora que la tarde ha empezado
a caer.
Ahora recuerdo los hermosos jardines de la maestra de Ciencia
Tecnología y Ambiente, ella siempre nos habló de lo importante que era
conservar el medio ambiente, lo necesario que era cuidar las cosas de
la naturaleza, ahora estoy contemplando esta ausencia de praderas,
pastizales y jardines. Recuerdo de ella su jardín exótico y sus
cabellos largos y brillantes que nunca olvidaré, jugaban con el viento
cada vez que íbamos por el patio rumbo a los jardines, no sé, pero creo
que todo eso no será más dentro de poco.
Es setiembre, y esta semana debo presentar el trabajo de redacción que
nos pidió el maestro de Comunicación, y, aún no sé cómo empezar. Esta
es una tarde especial porque ahora he comprendido muchas cosas sobre lo
valiosa que es el agua, debo escribir algo interesante sobre ella, pero
qué puedo decir de ella si son tantas cosas juntas, tantas ideas que
veo a lo lejos y un cúmulo de imágenes se atraviesan por mi mente. Pero
es tarde y el triste riachuelo parece apagarse más por cada minuto que
pasa. Bien, recordaré a mi maestro de literatura y a los poetas que nos
hizo leer, es decir, los poemas que leímos y luego veré si se me ocurre
algo bonito, intentaré escribir un poema para decir un poquito, una
gota, de lo mucho que es el agua, empezaré…
¿Y si de pronto
como alas de un ave fugitiva
huyeras hasta lo más profundo de lo lejos?
¿Si mañana
al amanecer
ya no estuvieras más con nosotros?
Simplemente una columna de otoños aplacaría su ira en nosotros.
Porque he visto secarse los latidos
allá en la penumbra de tu ausencia
cuando sin nada me hablan por ti los jardines apagados
los sembríos
me habla por ti aquel paisaje sin colores
que siempre me recuerda en el olvido
cada uno de sus pesares
me hablan por ti las bandadas de pájaros sin cielo
sin grano
me habla por ti el rebaño de ovejas
que en tu memoria de cristal taciturnas se han colgado
también me hablan por ti las piedras langurosas
solariegas
y me hablan por ti los pueblos
las llanuras
las vidas sin vida que te nombran
porque no escuchan las palabras de tu voz
no sienten la humedad de tus palabras…
Pequeña diosa
¿hasta cuándo te ahogaremos en tu propia sed?
¿hasta cuándo
diosa pequeña
derramada esperas una suerte de piedad que nazca de nosotros?
Porque en realidad tú haces dudar al tiempo
si eres el lenguaje de la vida
cuando hablas por nosotros
nosotros
trozos de tierra
que sin ti no seríamos ni siquiera una música olvidada.
Y si de tanto olvidarte
un día te perdemos
un día ya no estás
quizá mañana mismo
entonces ¿qué sería de nosotros?
buscaríamos tu cuerpo despiadadamente
y tal vez buscándote a ti
sólo hallemos entre la mustia tierra
nuestro cuerpo calcinado
y como un adiós a medias
a orillas de la tierra
exista un sinfín de gente llorándote una lágrima demasiado seca.
Y es que en estos días
yo te veo muy colora
muy pequeña
que ya pareces una pena de múltiple soledad
porque estás hecha un pequeño río
un riachuelo
estirándose en su lecho de agonía.
Qué extraña sensación me han dejado estos posibles versos que mañana le
mostraré a mi maestro. Ojalá me diga que valen la pena y los acepte
como el trabajo que nos dejó, sé que él es muy exigente en este tipo de
trabajos, probaré con este texto mi nivel de creatividad, tal vez el
esfuerzo no haya sido en vano.
Sentado al borde de este inmenso puente que ya nadie atraviesa, porque
no es necesario, como dije, pienso que ha pasado mucha agua bajo sus
arcos. Pienso que no estamos haciendo las cosas bien, que hemos dejado
pasar el tiempo increíblemente sin cuidar el agua de nuestros ríos, de
nuestros lagos, de nuestros manantiales, no hemos sabido hacer las
cosas bien a pesar de que siempre nos dijeron que lo hiciéramos, pero
no fue así.
Donde sea, las marchitas flores nos hablan de una profunda tristeza
como la que se ve cada tarde en las puertas del cementerio general,
como la que veré ahora que ya me voy rumbo a casa, ahora que la tarde
se está haciendo más grande, contrariamente al agua de nuestro pueblo
que se ha resumido a este riachuelo, este riachuelo que antes fue el
lugar más bello e inmenso donde el sol buscaba sus mejores momentos y
cada vez, cada día, hallaba un nuevo rostro, donde las semillas
encontraban el mejor regalo del cielo, donde los colores se multiplican
por miles y miles, donde las sonrisas se reflejaban como un espejo
gigante, donde los momentos de una flor se hacían perpetuos; donde todo
era distinto, pero ahora que este río ya no está, recién nos damos
cuenta de su gran ausencia, de su fuerza vital, de su carcajada que ya
no se escucha, tal vez todo hubiese sido diferente, y estaba en
nuestras manos.
Es tarde, guardaré mi cuaderno y en él estos apuntes que incluyen el
poema que pienso presentar a mi maestro de Comunicación, veré qué
título le puedo poner y, las correcciones que necesariamente se deben
hacer a los trabajos literarios, las haré en el colegio con la ayuda de
él. Iré a casa leyendo estas líneas que quizá esté oyendo, a lo lejos,
nuestro riachuelo que cada día se va más allá de las oscuras distancias.
Autor: Dante Mamani Gómez - 3ro “D”
Docente asesor: Darwin Bedoya Bautista
I.E.P. PRONEPSA “SAN ROMÁN”
El cuento “EL LENGUAJE DE LA VIDA” Mereció el Primer Premio en el 3er
Concurso de Redacción “El agua es vida” en la UGEL SAN ROMÁN, Primer
Premio en el Concurso Regional de Puno, Primer Premio Nacional en Lima-
Perú en el año 2006.
Dante Mamani ha mencionado ser amante de la narrativa breve, del cuento
moderno. Admira a Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique, Oswaldo
Reynoso; Juan Rulfo, Ryunosuke Akutagawa, Raymond Carver y Günter
Grass. Su mayor ilusión es llegar a ser escritor.
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