INVENTARIO DEL SILENCIO
CUENTOS (*)
de Darwin Bedoya

I
Eternidad
Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor.
Pero cuando nos amamos descubrimos
que nada había sido escrito sobre nuestro amor
M. Denevi
“Tal vez seremos la escritura rebelde que el agua no se lleva.
O tal vez estemos condenados para siempre a vivir como locos de remate
entre las cuatro paredes de este mundo.”
A. Rodríguez
REPENTINAMENTE ELLA EMPEZÓ A LLORAR con un sentimiento increíble. Parecía
un manantial que manaba la más cristalina de las aguas. Y las pequeñas
aguas no podían estar calmadas. Esa noche, después del cine hindú,
regresaban a casa acomodados en los asientos finales del bus.
Extrañamente ese manantial tenía manos, eran unas manos que buscaban
otras manos, las de su amado, quizá queriendo encontrarlas como antes o
buscando perpetuarse en ellas. Confundida con su llanto, logró sacudir
esas manos varoniles que sostenía y preguntó: Cariño ¿Si yo muriera, tú llorarías por mí? Le miraba fijamente a los ojos. Era su clásica manera de ponerlo entre la espada y la pared. ¿Si no estuviera más contigo: sufrirías, llorarías…igual que la protagonista de la película?
Él,
que también era muy sentimental, estaba a punto de llorar viéndola así
como estaba, pero hizo un esfuerzo, sacó de algún lugar esa extraña
tranquilidad, encontró en alguno de los bolsillos su pañuelo y
secándole las lágrimas, con cierta serenidad respondió: “No, yo no
pensaría en llorar. No podría llorar por ti”. Apenas terminó la frase,
ella lo miró desconcertada, le soltó las manos que hasta entonces
sostenía con ternura. Amaba tanto a Rafael que no le parecía verdad lo
que estaba escuchando. “No podría llorar por ti”. Aquellas palabras comenzaron a tener un sabor a lejanía.
Habían estado casi una vida juntos, en las buenas y en las malas fueron un solo sentimiento. Ella había hecho
tantas cosas por él, tenían mil proyectos por realizar y hasta se
habían comprado un pequeño departamento y, ahora, aparentemente estaba
frente a un cristal roto, uno de aquellos que ni siquiera uniéndolos
con el mejor pegamento pueden quedar iguales. ¿Pero si anoche
juramos que nunca nos separaríamos, que tú y yo seriamos una eternidad,
fue ayer nomás, casi entre lágrimas juraste amarme hasta el final de
nuestras vidas; acaso mentiste?
Luego
de un prolongado silencio, él sacó un cigarrillo de uno de los
bolsillos de su chaqueta, lo encendió con lentitud; quiso demorarse un
siglo. Volvió a secarle las lágrimas y antes de fumar, miró en todo su
alrededor y habló: No sabes lo mucho que te amo ¿verdad?- la abrazó fuertemente contra su pecho mientras el cigarrillo caía al suelo sin haber sido empezado y, finalmente concluyó: “Quiela, si tú murieras, no tendría tiempo para llorar, yo moriría contigo”.
(*) Estos cuentos integran el volumen AUNQUE PAREZCA MENTIRA, la colección de textos breves que ya están en prensa. Saldrán a luz bajo el sello editorial de LAGOCULTO EDITORES.
Oye, amor, ¿tu llorarías por mi si yo muriera?
Claro mi amor, yo lloro por cualquier cosa.