Juliaca en el Tawantinsuyo
JULIACA EN EL TAWANTINSUYO

Fuente: Hugo Apaza


 CONQUISTA DE LOS INKAS A LOS KOLLAS:

LUEGO DE más de dos centurias de que los Kollas dominaran gran parte del Altiplano, el territorio con todas sus riquezas, por inevitables fuerzas histórico-sociales, pasó a ser parte del Tawantinsuyo a mediados del siglo XV.
Paralelamente al desarrollo de la sociedad Inka, existían otros estados que también ansiaban ampliar sus dominios. Esta situación posibilitó que todos los reinos o señoríos existentes estuvieron en permanente vigilia a fin de no recibir la invasión del vecino, al mismo tiempo que se planeaban acciones de conquista inmediata. Cundía la zozobra, el pánico, el estado de alerta permanente, el celo y la desconfianza en todos los pueblos. Cada uno de ellos decían tener derecho de dominio integral, de ser poseedores de la verdad, de que son lo suficientemente fuertes y valientes, de que sus dioses eran más poderosos que los dioses de los otros grupos, en fin, cada grupo confiaba en su propia capacidad, la misma que se ratificaba o desechaba en los combates y guerras cruentas que con frecuencia se desataban. No había otra forma de medir sus fuerzas para demostrar superioridad.
Durante el siglo XV, los inkas eran los que paulatinamente iban imponiéndose sobre los demás. En ese entonces al sur del territorio Inka, existía un poderoso reino, eran los Kollas, muy temidos por los cusqueños con quienes disputaban la hegemonía político-militar. Los Kollas no eran behetrías o salvajes como hicieron creer los inkas, más al contrario, eran gentes bien organizadas integralmente, con sólidas tradiciones culturales y en suficientes condiciones como para hacer temblar a los inkas, porque a éstos ya los conocían.
a) Los preparativos:

HACIA 1410, conjuntamente con otros jefes de señoríos vecinos, por motivos estratégicos, el anciano soberano Kolla Sapana, y su joven hijo Chuchikápac(*) , asistieron como invitados especiales a la ceremonia de “coronación” del octavo Inka y fundador de la dinastía de los Hanan Cusco: WIRACOCHA.

"Los reyes cusqueños, hasta Wiracocha, fueron reyes regionales solamente, que estaban en permanente pugna con sus vecinos, tanto los Canas y Canchis del sur como los Chancas de más al norte".

Se afirma que este inka fue el iniciador de las pretensiones imperialistas cusqueñas, y para someter al Kollasuyo tuvo que atizar las rivalidades existentes entre los reinos poderosos como los Kollas y los Lupakas. Pretextando obedecer a los dioses, Wiracocha no escondió su simpatía y apoyo hacia los Lupakas, pues, geográficamente sus territorios no lindaban con ellos. Así los Kollas estaban rodeados de adversarios. Como muestra de esta simpatía Wiracocha, incluso, hizo un viaje amistoso de visita al reino Lupaka, a quien consideraba su aliado, pasando lógicamente por el territorio del Reino Kolla, al que lo halló en plena reorganización político-militar liderado por Chuchikápac. Observando la situación, el Inka retornó a la capital de su Estado en donde le esperaba un conjunto de problemas que hacía peligrar la estabilidad del Estado Cusqueño.
Cusi Yupanqui, luego de dirigir y consumar la derrota de los belicosos Chancas y neutralizar la crisis existente en el inkario, fue entronizado como soberano tomando el nombre de Inka Pachacútec. Fundado e instaurado el Imperio, Pachacútec emprendió sus conquistas territoriales a través de sendas expediciones militares. Dentro de sus planes estaba el sometimiento del peligroso Reino Kolla y hacer suyo las inmensas riquezas que aquí habían.
Después de las campañas de sometimiento al Chinchaysuyo, Pachacútec con renovadas energías organizó la expedición de conquista al kollasuyo, para someter y anexar los ricos reinos allí existentes, y aprovechar sus recursos naturales abundantes, su fuerza de trabajo, y de esta manera ampliar, fortalecer y asegurar considerablemente su poderío.

Consecuente con sus políticas de conquista y colonización (*), los inkas procuraron persuadir a los kollas a fin de que éstos acepten el dominio imperial inka; y al no obtener pacífica sumisión los inkas tuvieron que aplicarles la política del aniquilamiento pues "...si los señores se resistían a perder su independencia, los aniquilaban con sus ejércitos y de todos modos se apoderaban de la región". (19, 194-5)
A fin de contrarrestar el poderío militar Kolla, Pachacútec, en persona tuvo que organizar su ejército y dirigir la guerra contra este poderoso contrincante, al lado siempre, de su leal como eficiente General Apo Condemayta, vencedor de mil batallas. Apo Condemayta salió del Cusco dirigiendo sus tropas con rumbo al Kollasuyo, en las inmediaciones de Lurucache se le une Pachacútec para luego acampar a pie del nevado de Vilcanota.

b) Actitud de Chuchikápac:

Enterado de las pretensiones inkaicas, el soberbio y maduro caudillo Kolla, Chuchikápac, fogueado en mil combates, se aprestó a organizar y entrenar con esmero un copioso y aguerrido ejército, que significó una permanente y seria amenaza para la realización de las aspiraciones inkas.
Aproximadamente en los primeros años de la década comprendido entre 1440 a 1450, desde el campamento de Vilcanota, Pachacútec envió mensajeros a Chuchikápac pidiéndole sumisión. El altanero caudillo rechazó la propuesta de sometimiento, "Que más bien el Inka se someta a mí!" habría dicho el jefe kolla, quien con su crecido ejército le aguardaba en Ayaviri, límite de sus dominios en el norte. Ante esta actitud, no había otra salida que enfrentarse y medirse militarmente. Garcilaso de la Vega, cuando se ocupa de esta parte de la historia, dice que los Kollas "estuvieron tan duros y rebeldes que ni aprovecharon persuasiones ni promesas ni el ejemplo de los demás indios reducidos, sino que obstinadamente quisieron morir todos defendiendo su libertad". (15, 112)
c) Las batallas decisivas:

En las inmediaciones del pueblo de Ayaviri ambos ejércitos se enfrentaron. "Los ejércitos de las dos naciones se lanzaron a la lucha, sin que por largo tiempo hubiera señales de a favor de quien se inclinaría la victoria. Nunca el inka había puesto tanto empeño en pelea alguna de conquista de nuevos territorios" (48, 29). La pericia y experiencia de Apo Condemayta estaba en crisis y el Inka empezó a desconfiar de su tropa que a duras penas hizo retroceder a los Kollas, quienes se atrincheraron en el pueblo de Ayaviri desde donde resistieron varios días. Ante esta situación Pachacútec tuvo que amonestar a sus huestes diciéndoles:

"¡Oh ingas del Cuzco,
vencedores de toda tierra!
¿Y cómo no tenéis vergüenza
que una gente tan inferior a vosotros
y tan desigual en las armas
se os iguale y resista tanto tiempo?” (29, 370).

Los soldados del Inka respondieron a la reprensión con mayor agresividad y fiereza, y un día se produjo el choque sangriento de ambos aguerridos ejércitos. “Embistiéronse los dos cuerpos con igual ánimo y peleose de ambas partes con mucho coraje y porfía”. (41, 74). Apo Condemayta se batía en todos los frentes defendiendo su honor; en cambio Chuchikápac, diestro luchador, estaba en todas partes peleando, mandando y animando a su gente a continuar bregando por su soberanía.
La experiencia y poderío militar Inka, paulatinamente iba imponiéndose, y los kollas se vieron obligados a retroceder hasta Pukará, en donde se entabló la batalla decisiva. "Pelearon un día ferocísimamente" en las cercanías del legendario Pukará; y luego de un cruel derramamiento de sangre, los kollas fueron vencidos. Según Pedro Sarmiento de Gamboa y Bernabé Cobo, fue el mismo Inka Pachacútec quien, en pleno combate, logró capturar a Chuchikápac, el mismo que luego fue conducido al Cusco en donde fue decapitado.
El grueso del ejército kolla, al ver sucumbir a su líder, tuvo que desbandarse para posteriormente reorganizarse alrededor de otros “sinchis” a fin de frenar el avance arrollador del triunfante Pachacútec y su General Apo Condemayta. En varios sitios la resistencia se ofreció sin éxito. Los kollas de Juliaca, a fin de mantener la cerviz levantada, fueron los últimos que ofrecieron obstinada resistencia desde las pequeñas fortalezas de Jatun Rumi y Tambullín, primero, y desde los fortines ubicados en los cerros Espinal y Monos después. Como testimonio de esto no queda sino abundante cerámica fragmentada y las ruinas, intencionalmente destruidas, de los pueblos fortificados que existían en las cumbres de los cerros mencionados.
Derrotados los kollas, el señor de los lupakas, Sinchi Qari y otros curacas recibieron a Pachacútec ya como súbditos suyos, de lo cual el Inka se alegra. Luego de estas victorias militares, Pachacútec prosiguió incursionando en el sur, visitando las islas y santuarios del Titicaca, los edificios de Tiawanaco y los pueblos del altiplano, y se convenció de que valió la pena conquistar estos territorios por las inmensas riquezas que poseía. A partir de entonces, como testimonio de estas victorias, el territorio de todos los reinos de esta parte del Altiplano fue llamado Kollasuyo.


LOS KOLLAS INDÓMITOS

“La vida política en el Tawantinsuyo fue muy agitada. Contrariamente a lo que por lo común se cree, abundaron motines y rebeliones”. “Numerosas aristocracias provincianas se negaron tenazmente a aceptar la dominación orejona. Así resultaron frecuentes las conspiraciones contra el poder incaico”, por ello es que “El ejército intervino en defensa del orden público con suma frecuencia” (50).

A FIN de justificar sus conquistas, los inkas dieron una serie de ordenanzas con tal de apaciguar el espíritu impertérrito de los kollas, cuya capital Ullagachi, posiblemente fue destruido y trasladado a Jatunkolla, el mismo que se convirtió en un centro de dominación de la nueva provincia Inka.
Sin embargo, los pueblos que integraban el vasto territorio kolla, de la que Juliaca también era parte, no se dieron por vencidos fácilmente, una guerra en que perdieron no fue suficiente para declinarse en favor del vencedor y renunciar a su libertad y sus formas de existencia. A pesar de que muchos soldados fueron hechos prisioneros, ejecutados y otros convertidos en mitimaes, yanaconas o esclavos, las rebeliones kollas fueron frecuentes; y, constantemente también los kollas eran conducidos como cautivos a Tambo y otros lugares lejanos para edificar andenes, aposentos, fortalezas y una serie de trabajos forzados en calidad de castigo. Luis E. Valcárcel nos dice, al respecto, que "fueron kollas prisioneros" quienes construyeron la famosa fortaleza de Ollantaytambo.
Su situación de aislamiento les impidió organizar una lucha unitaria contra los conquistadores. A pesar de que era inmensa la agresión inka, el espíritu indómito de los kollas no desmayaba. Las políticas de sometimiento del vencedor no fueron suficientes para apagar la rebeldía innata de estos pueblos decididos. Los kollas de Capachica, Azángaro y Juliaca no cesaban de sublevarse contra la dominación imperial. Emilio Romero nos dice que estos "collas fueron rudos batalladores cuya sumisión costó muchos ejércitos al Imperio"(33, 6).
Cuando el hijo de Pachacútec, Amaru Inka Yupanqui, se encaminó a debelar estos alzamientos fue derrotado por los kollas de estos lares, cuyo líder se presume que fue el imbatible Waynarroque. Estas afrentas al imperio provocó la ira del Soberano Inka a tal punto que tuvo que retirar la confianza a Amaru Inka Yupanqui quien era considerado como su seguro sucesor.
Tuvo que ser TÚPAC YUPANQUI, heredero del trono de Pachacútec, quien sometió definitivamente a los pueblos Kollas con un poderoso ejército de más de 200 mil efectivos. "La batalla se dio cerca de Lampa, con la derrota de los aimaras. Pero estos, indómitos y fuertes, volvieron a organizarse, constituyendo una poderosa línea de defensa" (33, 6). Luego de varios años de lucha y muchos enfrentamientos en Pukará, Asillo, Llallagua, Arapa, Juliaca, etc., la mejor organización y experiencia inkaica triunfó sobre el valor kolla, cuyos líderes, descendientes del célebre Chuchikápac, y sobrevivientes fueron conducidos a Cusco en calidad de cautivos, en donde han sido cruelmente ejecutados tras una macabra ceremonia.
La hostilidad de los ruk´is del kollao enfureció de sobremanera al monarca inka, quien no pudo controlar su ira y desprecio, llegando al extremo de ensañarse con extraña furia con los líderes insurrectos capturados. Las crónicas afirman que de las pieles de estos prisioneros, hicieron tambores como forma de celebración de estas victorias, por primera vez llegaron a realizar sacrificios humanos para ofrendarlos a sus dioses.
Así, pues observamos que a los Kollas se les aplicó la política del arrasamiento, pues sucumbieron muchos miles en defensa de la integridad de su cultura, soberanía e independencia; y, en castigo a esta actitud de permanente rebeldía se les tuvo que aplicar severísimas penas como: aniquilamientos físicos, suplicios, prohibiciones, así como el cambio forzoso de hogar, entre otras sanciones. El Inka Garcilaso de la Vega al respecto nos recuerda:

"Los REYES incas transplantaban indios de unas provincias a otras... para asegurar sus reinos de levantamientos y rebeliones"... “cuando habían conquistado alguna provincia belicosa, de quien se temía que, por estar lejos del Cozco y por ser gente feroz y brava, no había de ser leal ni había de querer servir en buena paz. Entonces sacaban parte de la gente de aquella tal provincia y muchas veces lo sacaban toda, y la pasaban a otra provincia de las domésticas, donde viéndose por todas partes rodeados de vasallos leales y pacíficos, procurasen ellos también ser leales, bajando la cerviz al yugo que ya no podían desechar" (15, t. III, 7, 9)

WAYNARROQUE Y LOS WAYNA RUK’IS:

WAYNARROQUE es el nombre de uno de los cerros más pintorescos de Juliaca. Por su forma, este fenómeno orográfico es cónico si se la observa del sector Sur-Este. El cerro está coronado por el impresionante Cristo Blanco construido en 1987. Al pie de este símbolo cristiano se encuentra un mirador, desde donde se puede contemplar y admirar gran parte de los elementos naturales y culturales de nuestra meseta andina que se levanta sobre los 3,810 m.s.n.m. En el lado Nor Este de la parte baja de esta elevación rocosa, se encuentra una explanada de cemento, en donde anualmente se realizan concursos de danzas carnaválicas y a donde concurren miles de espectadores, convirtiéndose así estos espacios en un maravilloso y gigantesco anfiteatro o coliseo natural.
El cerro Waynarroque es característico de la Ciudad de los Vientos, no sólo por sus peculiaridades físicas, sino también, porque se ha constituido en parte de la tradición cultural e histórica, y a cuyo alrededor se han tejido un sinfin de versiones con aureolas fantásticas. Los datos histórico y arqueológico, afirman  de que en tiempos inkaicos y preinkaicos, este lugar era considerado como una zona sagrada, estrechamente ligado a las prácticas religiosas. Esta prestigiosa waca tutelar de Juliaca, hasta hoy es muy venerado y considerado como uno de los Apus terrígenas más poderosos del medio.
Pero, ¿de dónde deriva el nombre de aquella elevación natural? Son disímiles las respuestas. Quienes han escrito al respecto, coinciden de que tal nominación deriva del nombre de un gran personaje, posiblemente de un cacique, guerrero o chasqui prehispánico. Sea como fuere, Waynarroque es un personaje legendario que ha quedado impregnado en la tradición histórica de Juliaca. Este nombre deriva de dos voces kechuas:

            Wayna   =   Joven; y
            Ruk’i      =   Rebelde (difícil de domesticar).

Considerando esta etimología, la palabra Waynarroque designa a un hombre joven muy rebelde, que no se sometía ni aceptaba sumisión, era un amante de la libertad, dignidad y soberanía de su sociedad. No olvidemos que los antiguos pobladores del ande tuvieron como principal alimento a la papa, la cual fue domesticada tras siglos de fatigosa experimentación, sin embargo, una de las variedades se resistió a la domesticación y conservó su sabor amargo y la consiguiente mala reputación en algunas zonas; por estas características, los nativos le denominaron ruk’i, es decir papa que se resiste a la domesticación.
El dato histórico afirma que antes de la instauración del Imperio Inka, esta meseta y sus inmediaciones estuvo densamente poblada por varios reinos y señoríos aymaras. Debido a su fama de territorio rico fue apetecido por el Inka Pachacútec, quien tras duras jornadas de guerras de conquista logró someter a esta afamada región. Uno de los caudillos que se opuso tenazmente a las pretensiones imperialistas del Cusco fue Chichikápac, descendiente de los bravos sapanas. Chuchikápac era el gran caudillo kolla, que al ser capturado fue trasladado al Cusco en donde fue decapitado.
La caída militar de los kollas no significó la sumisión inmediata, pues hubieron sucesivas rebeliones que causaron gran inestabilidad al Tawantinsuyo, estas insurrecciones fueron organizados y conducidos por algunos caudillos seguidores del aguerrido Chuchikápac. Sin embargo, estos líderes regionales insurrectos, se mantuvieron en la brega por poco tiempo, pues sucumbieron ante la maquinaria de conquista imperial, que arremetió la zona hasta casi aniquilarlos.
Uno de los grupos que permanentemente causaba gran conmoción a Pachacútec fue Juliaca, cuyo caudillo era un aguerrido mozo que en varias ocasiones logró vencer a los expedicionarios del Cusco. Pachacútec, inclusive, llegó a enviar a su hijo Amaru Inka Yupanqui para que sometiera a los indómitos mancebos que mantenían en jaque al ejército imperial. El príncipe Inka fracasó en su cometido, lo cual atizó la ira del Monarca y le quitó el derecho a sucederle en el trono.
Debido a los amargos episodios para el prestigio imperial, y la fama que venían adquiriendo los indómitos kollas, y especialmente los “Wayna Ruk’is” de Juliaca, el Gobernante del Tawantinsuyo organizó una cruel campaña de sometimiento definitivo, para ello invocó la ayuda de Gusmango Cápac y de Chimo Cápac, y así logró constituir un poderoso ejército de más de 200,000 soldados. Este poderoso ejército estuvo encabezado por Túpac Yupanqui, sucesor de Pachacútec. Uno de los objetivos de este caudillo inka fue liquidar a los Wayna Ruk’is de Juliaca que eran considerados como los más peligrosos; estos Waynas tenían por líder a un aguerrido kolla que los inkas lo conocían como “Wayna Ruk’i”, es decir quien mantenía a los jóvenes en permanente rebeldía.
Este ejército imperial logró su tarea con gran derramamiento de sangre. Los Waynas Ruk’is fueron derrotados cruelmente, al igual que otros grupos rebeldes; sus ciudadelas y fortines también fueron arrasados hasta hacerlos desaparecer. En estas batallas de “pacificación”, miles fueron muertos en el acto, allí también sucumbió el imbatible Wayna Ruk’i, se presume que su holocausto se produjo en las inmediaciones del cerro que perenniza su nombre. Túpac Yupanqui, como experimentado guerrero, no se cansaba en repetir “usos son de la guerra, vencer o ser vencido”, al mismo tiempo que sabía reconocer el arrojo de sus adversarios, por lo que habría señalado como hito de heroica resistencia al cerro que hoy de conoce como Waynarroque; por ello, el profesor Mario Fernando Chevarría H. indica que “Xullaska, fue el último baluarte de los Collas”.
Hoy quedan como mudos testigos de estos desiguales combates, abundantes restos de cerámica fragmentada y cantidad de muros intencionalmente destruidos.


 
EL RUNA SIMI O KECHUA EN JULIACA.

LA PALABRA Kechua fue introducida por el Fr. Domingo Santo Thomás en 1560 cuando publicó en Valladolid su “Vocabulario” (*) ;a partir de entonces el idioma oficial del inkario, es decir, la "Lengua General de los naturales del Perú" o Runa simi, se llamó KECHUA.
Cuando arribaron los primeros españoles al Kollasuyo en 1533, encontraron a los pobladores nativos de la parte norte de esta región comunicándose a través de la "lengua general del Tawantinsuyo" o Kechua, idioma éste que hasta la actualidad perdura y convive al lado del Aymara y del Castellano en el Altiplano Sur-peruano. El castellano llegó con los españoles, pero a pesar de haber transcurrido más de 450 años de dominación no logró imponerse sobre el Kechua y el Aymara. El Kechua en Juliaca y otros pueblos vecinos, no tenían un siglo de vigencia pero que sin embargo logró generalizarse e imponerse sobre la lengua Aymara de los Kollas. ¿Qué fenómeno tan grande ocurrió en esta parte de nuestra historia como para que en poco tiempo sea extinguida la lengua de los kollas? ¿Qué política tan efectiva aplicaron los inkas para en menos de 60 años convertir a una región aymara-hablante en kechua-hablante? ¿Es admisible que los Kollas "súbitamente" renunciaran a su lengua para "asimilar" otra? ¿Por qué en buena parte del kollasuyo sur subsiste la lengua Aymara?
Estas interrogantes pueden tener múltiples respuestas, pero si nos remitimos a los documentos históricos existentes que se ocupan de este fenómeno social, observaremos que el Kechua en nuestro medio es producto de una vertical imposición a través de sangrientas guerras de conquista. El Imperio Inka, a fin de ampliar sus dominios tenían dentro de su política de conquista utilizar la violencia militar y la intimidación; arrasaban a los pueblos que se resistían sometérseles, pero en cambio, se mostraban benéficos con los pueblos que aceptaban pacíficamente sus pretensiones.
Los actuales pueblos kechuas cuando fueron sometidos a la égida inka, eran pueblos levantiscos y considerados como provincias belicosas, de quienes se temía "por ser gente feroz y brava" y por tanto tuvo que ser víctima de la ira inkásica. Durante los años comprendidos entre 1460 a 1475, aproximadamente, se diezmó la población kolla; "Si la resistencia era muy grande, toda la población rebelde era desarraigada, conducida de su tierra a colonizar otros lugares. Naturalmente, en esto eran los conquistadores cusqueños muy bien organizados”... (19, 195) el aparato político-militar del Imperio, después de matar a los sinchis kollas practicaron un genocidio sobre las comunidades de la parte norte del altiplano. Pedro Sarmiento de Gamboa, al respecto nos dice que la política inka aplicada a esta parte del Kollasuyo “no dejó hombre a vida, sino algunos niños y viejas; y así quedó aquella nación destruida y los pueblos asolados hasta hoy”. (15, 251).
De estas versiones podemos concluir que la mayor parte de los kollas sobrevivientes fueron desarraigados de su terruño, fueron aislados y diseminados en otros ámbitos, es decir que, fueron convertidos en mitimaes rebeldes o de castigo y, por lo tanto fueron transformados en yanaconas o esclavos en "tierras extrañas". La conquista al pueblo kolla constituye una de las más sangrientas páginas de la historia inkaica. Pocos pueblos como los kollas defendieron su libertad con un heroísmo tan admirable contra la insaciable voracidad Kechua.
Lo despoblado, luego empezó a ser poblado por otras gentes aisladas, fieles y totalmente identificados con el Tawantinsuyo, ellos inkanizaron a los pocos kollas sobrevivientes, que eran "algunos niños y viejas" a quienes en menos de un par de generaciones se les han “asimilado”. Los Inkas "consideraban a la difusión de su lengua como un instrumento de dominación de las clases sociales y nacionalidades, oprimidas por la fuerza incontrastable de sus armas, y, subsidiariamente, sirvió de vectación a su acervo cultural" (44, 88). Con la entronización del Kechua en nuestro medio, la dominación inka devino prácticamente en control absoluto.
Respecto a este control absoluto el Dr. Alfonso Torres Luna, en su obra “Puno Histórico”, llegó a escribir lo siguiente: “Ni los orgullosos Canas, ni los belicosos Chancas, ni los bárbaros Huancas, que quemaban los prisioneros, ni los vigorosos y arrojados Rucanas, ninguna tribu de estos; las más levantadas y las menos sojuzgables pudieron conservar siquiera sus dialectos”(41, 58)
Los Lupakas y algunos otros cacicazgos, al ver sucumbir a los kollas, y temerosos del poderío inka, aceptaron integrarse amistosamente al Inkario. Garcilaso de la Vega, al respecto dice que "Los de Chucuito, aunque eran poderosos y sus pasados habían sujetado algunos pueblos de su comarca, no quisieron resistir al Inca, antes respondieron que le obedecían con todo amor y voluntad, porque era hijo del Sol, de cuya clemencia y mansedumbre estaban aficionados, y querían ser sus vasallos por gozar de sus beneficios" (15, 115). En recompensa a esta entrega pacífica el imperio respetó sus costumbres religiosas, sociales y fundamentalmente su lengua el AYMARA.
Resulta pues evidente que los hoy kechua hablantes y aymara hablantes de nuestra región, no son sino los herederos de los sucesos acaecidos en las últimas décadas del siglo XV.
La política de conquista aplicada a nuestro medio no significó la mera destrucción, sino que, siguiendo con las corrientes de desarrollo social, los inkas tuvieron que extender sus formas de existencia a los territorios conquistados. "Un pueblo no era conquistado para ser empobrecido; al contrario, los Inkas cuando conquistaban una región, programaban inmediatamente su producción y si era pobre, buscaban mejores recursos para enriquecerla; si faltaba fuerza de trabajo, llevaban hombres de otras partes... Pero no se piense que era por el 'bienestar del pueblo'; los explotadores jamás piensan en eso; piensan en ellos y si sus intereses exigen el bienestar de los explotadores, entonces luchan duramente por conseguirlo (19, 195-6).


REUBICACIÓN POBLACIONAL E INSTALACIÓN DEL TAMBO:

DECIDIDO el problema de la supremacía, a fin de consolidar sus instituciones, así como para proseguir sus guerras de conquista por el Kollasuyo, los inkas iban dejando guarniciones de mitimaes, curacas, tucuyricujs, tambos, etc. para el efectivo control de la región sometida. No olvidemos que inmediatamente a la conquista kolla se intensificaban las conquistas de esta región; así observamos que “a una rebeldía sigue una conquista y a una nueva guerra otra inmediata”.
 Luego del triunfo inka, Juliaca se convirtió en un pueblo con poquísimos sobrevivientes; y, a fin de poblar lo despoblado por la conquista inka, arribaron a Juliaca como a muchos lugares del Kollasuyo, grandes masas de gentes vecinas y fieles al Imperio, quienes al lado de sus propias autoridades y siguiendo su tradición de conquista, instalaron un Tambo en las inmediaciones de lo que ahora se conoce como "pueblo viejo".
Los sobrevivientes kollas de Juliaca, con costumbres de raigambre rural, que moraban en los cerros Monos, Espinal y Puntaca, con el objeto de que fueran más fáciles de gobernar y aprovechar mejor su fuerza de trabajo han tenido que ser extirpados de su habitat tradicional y ser juntados y trasladados a otro lugar. En efecto, el cronista Cieza de León afirma de que luego de la conquista "hicieron sus pueblos de manera que agora los tienen". El arqueólogo Oscar Ayca Gallegos nos dice que estos pobladores fueron mudados "hacia la zona comprendida entre el barrio Santa Cruz y el barrio Santa Bárbara". Así observamos que Juliaca, como población inka, no fue resultado de una evolución consuetudinaria, sino que fue producto de una imposición (*) .

La zona que hoy se conoce como "pueblo viejo" tiene raíces inkaicas y "como testimonio de esta ocupación han quedado los cimientos de viviendas, basurales para sus desechos y cementerios. Estos son los indicadores de dicha ocupación y extensión. Cerámica como aríbalos, platos, ollas de influencia inka se han encontrado en el Barrio Santa Cruz, cimientos de viviendas y cementerios aparecieron con la construcción del Teatro Municipal y edificios adyacentes; estructuras y tumbas en el jirón Lampa" (4, 122). En estos lugares y en otros cercanos hay abundante material que las autoridades y profesionales en arqueología y ramas afines, debieran interesarse en su estudio. Si tenemos toda una enciclopedia bajo nuestros pies ¿por qué tanto desdén para con nuestra historia?.
Con la presencia del Tambo y la instalación de la sede de un gran cacicazgo. Juliaca empezó a adquirir una fisonomía diferente. El depósito fiscal al estar estrechamente ligado con el problema tributario, permitió que aquí se almacenaran los tributos que no se enviaban a la capital imperial; aquí tenían que venir, periódicamente, los ayllurunas de las comunidades aledañas a tributar.
Durante el inkario Juliaca fue al mismo tiempo un pueblo, un tambo y una pascana real. Esta situación le permitió desarrollarse como un centro de atracción económico-cultural.


ASPECTOS DE JULIACA INKÁSICA

ECONOMÍA

EL SECTOR más importante de la economía fue el sector ganadero-agrícola; sin embargo, la dieta alimenticia se balanceaba con la obtención de productos conseguidos mediante el trueque.

a)    Ganadería.-    Debido a la abundancia de pastos naturales, el ichu y demás vegetales, cobró singular importancia la actividad ganadera. Los rebaños de llamas y alpacas, en inmenso número estaban confiados "al cuidado de pastores muy experimentados, quienes los conducían a los diferentes pastos según el cambio de estación. Enviábase todos los años una gran cantidad de llamas a la capital para consumo de la corte, y para las festividades religiosas y los sacrificios". "Los reglamentos establecidos para el cuidado y la cría de los rebaños eran sumamente minuciosos, y estaban concebidos con tal sagacidad, que excitaban la admiración de los españoles”.(30, 51)
        Los miles de "Llamamichis" preparaban corrales que les permitía conservar el abono. De la alpaca se aprovechó básicamente su lana; en cambio de la llama se aprovechó su lana, carne, piel, grasa (para hacer mechachuwas o velas), huesos (para fabricar utensilios), excrementos (combustible y abono) y su energía, pues sirvió de excelente animal de carga.
        El cuy fue otro animal doméstico del que supieron aprovechar casi todo.

b)    Agricultura.- Fue una importante fuente de subsistencia. A pesar de que el clima era adverso, en el inkario las tierras de cultivo fueron mucho mayores que las actuales.
        La papa fue el alimento popular por excelencia, fue la más grande de todas las fuentes alimenticias y en la actualidad está encumbrada a la posición más alta en la categoría de los nutrientes humanos a nivel mundial. Al lado de la papa, figuran también como cultivos importantes la quinua, cañiwa, oca, papalisa u olluco, etc.
        La andenería, los waruwarus y las qochas fueron mejorados. La chakitajlla, raukana, waqtana, k'upos, etc. fueron algunos de los instrumentos que siempre utilizaron en sus cultivos.

DIVISIÓN DEL GANADO Y LAS TIERRAS.

EL LICENCIADO Fernando de Santillán, nos dice que todo lo que conquistaba y subyugaba el Inka caía bajo su dominio, es decir, que "se enseñoreaba de todo lo que en ella había, así las tierras como ganados, en señal de señorío y vasallaje" (15, 129). Se realizaba una verdadera confiscación y redistribución territorial de los pueblos conquistados, destinándose al Inka y a la Iglesia los mayores lotes y los mejores ganados. En virtud de esta política, los suelos y los "carneros peruanos" o auquénidos, fueron objeto de una desigual, nominal y clasista distribución entre los jatunrunas, funcionarios imperiales, jerarquía eclesiástica y el Estado Imperial propiamente dicho.

a)    Tierras y ganados del Estado.- El Sapa Inka personificaba al Estado Tawantinsuyano y por tanto era el dueño absoluto de todo lo existente en sus dominios. El monarca tenía sus propias tierras y ganados en el kollao, era poseedor de las mejores y mayores tierras, así como gozaba de preeminencia de tener la mayor cantidad de ganados. En caso de fallecimiento del soberano, sus bienes pasaban a sus descendientes y a su respectiva panaca.

b)    Tierras y ganados del Sol.- Pertenecían a la Iglesia y sus frutos estaban destinados a la mantención de los sacerdotes y de las vírgenes del Sol o acllas, así como de ofrenda a los dioses. "Casi tan extensa como las propiedades del Inka eran las de la religión principiando por las del Sol y Huiracocha, y terminando con las de los oráculos y huacas locales. Había pueblos, como Arapa, al sur de Azángaro que con todo su distrito pertenecían a ciertos templos y sacerdotes, bien sea por el carácter religioso que predominaba en las riberas del Titijaja, bien por confiscación que castigó las porfiadas rebeldías del Collao".

c)    Tierras y ganados de los ayllurunas.- Les correspondía el 30% del total al pueblo, los mismos que sólo estaban obligados a usufructuarlos. Según el P. Bernabé Cobo "Los rebaños del pueblo era seguramente mucho menores, pues se les llamaba Huacchallama o ganado de los pobres, en tanto que las estancias de la religión y del monarca eran nombrados Capacllama o ganado de los ricos". Lo que es más, "De la parte que correspondía a la comunidad hacía el Inca merced a algunos curacas o servidores distinguidos".

d)    Tierras y ganados de los funcionarios imperiales.- (Caciques), "junto a las tierras de los ayllus, a las del culto y a las del monarca se multiplicaban las donaciones semifeudales y las asignaciones permanentes de los curacas, consecuencias ineludibles del régimen señoril, jerarquizado y militarista, que era el del Imperio".

TRIBUTOS.

LA CLASE dominante y su burocracia no pagaban tributos así como "estaban exceptuados de todo tipo de tarea manuales"; pues el pago de todos los gastos del Gobierno, recaía en el pueblo. El pago de tributos fue obligatorio para los runas, quienes tributaban a través de dos formas:

a)    En especie.- Consistía en el pago con alimentos, lanas, telas, vestidos, armas y demás productos de la región. Los curacas recibían las contribuciones de los jefes de familia o purej para remitirlo al tucuyricujs respectivo o a su representante y éste se encargaba de enviarlo al Cusco, en hombros de los mitayos y en lomo de llamas. Lo que no se enviaba a la capital se guardaba en el depósito fiscal o tambo aquí existente. Cada entrega o recepción se registraba cuidadosamente en los kipus.

b)    En trabajo.- Consiste en la prestación personal o aprovechamiento de la fuerza de trabajo de los ayllus. Las rentas en trabajo se daban entre otras formas como: mitayos, chasquis, soldados, acllas, etc.
3.6.4. FORMAS DE TRABAJO.

COMO EN todo el Tawantinsuyo, el trabajo para los ayllurunas de Juliaca era obligatorio y colectivo. Se daban las siguientes formas de trabajos:

a)    Ayni.- Trabajo de reciprocidad o ayuda mutua, es decir, intercambio de trabajo entre grupos familiares integrantes de un ayllu. El ayni operaba básicamente en el ciclo agro-pastoril y en la edificación de sus viviendas.

b)    Mink'a.- Trabajo comunal en beneficio de una persona, familia (viudas, lisiados, huérfanos, enfermos, ancianos), comunidad o de las autoridades. Esta forma de trabajo colectivo era una ocupación que garantizaba la comodidad ayllial, cuya práctica fue impulsada por la profunda necesidad de resolver los problemas socio-económicos como: construcción y cuidado de andenes, waruwarus, qochas, etc.
        Tanto en el ayni como en la mink'a sí se practicó el colectivismo porque se realizaban sin imposición, pues era una "obligación moral" ayudarse entre comuneros, de ahí que estas formas de trabajo se realizaban en un ambiente de alegría.

c)    Mita.- Trabajo obligatorio y por turnos a favor del Estado para la construcción de fortalezas, palacios, caminos, extracción de minerales, cultivo de coca, etc. en las zonas alejadas de su terruño. Era un trabajo ordenado planificado y supervigilado por el Estado. Las cuadrillas de mitayos juliaqueños, de 18 a 30 años de edad estuvieron presentes en la construcción de grandes obras públicas, cultivando tierras, cuidando ganado, trasquilando, confeccionando vestuarios, sirviendo en el ejército, etc.

LAS VIVIENDAS.

DE LAS viviendas de nuestros antepasados podemos indicar que tuvieron las siguientes características principales:

•    Levantaban las paredes de sus viviendas utilizando piedras, adobes y barro.
•    Eran de una planta y forma rectangular.
•    Habitualmente eran de 5 ó 6 metros de diámetro.
•    El techo se hacía con palos resistentes, unidos en el vértices con sogas para asegurar los hastiales, y techado con paja convenientemente preparada.
•    La pendiente de los techos fue agudo para producir un rápido escurrimiento de las aguas.
•    Cada familia ocupaba una o dos habitaciones y sólo excepcionalmente más.
•    Generalmente una habitación, simultáneamente, servía de cocina, comedor y dormitorio.
•    Las ventanas eran pequeñas.
•    Para la fuga del humo las habitaciones tenían pequeños agujeros que servían de chimenea y ventilación.
•    Desconocían las puertas con bisagras. Sólo usaban una especie de cortina de cueros, carrizos o zarzos con las que cubrían la puerta.
•    “Era general la construcción de aposentos sueltos sin trabarse unos con otros ni tener comunicación entre sí”.
•    “No se acostumbraba blanquearlos, excepto los de los curacas que eran pintados de varios colores y figuras”.

 EL CAPAC ÑAN:

El Tawantinsuyo “fue un Imperio de peatones y no un Imperio de Caballeros” (22). El Camino Real que partía del Cusco hacia el Kollasuyo pasaba por nuestra localidad, cuyos vestigios hasta hace pocas décadas podía observarse con claridad; con la construcción y habilitación de estas vías de comunicación, Juliaca se consolidó como pascana real y pueblo de paso y descanso obligatorio.
El autor de la Monografía de la Provincia de San Román, en 1962, con respecto al Camino inkaico que surcaba por nuestro pueblo, afirmaba: “Este camino pasa por esta población de norte a Sur, atravesando el Pueblo Viejo, el que sigue en línea recta hasta subir al cerro de la 'cruz' de donde por una ladera marcada por piedras, que aún existen se dirige a bordear el cerro ‘Huaynarroque’ hasta llegar a la quinta Ratti, de donde bordea nuevamente al cerro 'Monos' para así dirigirse en enorme serpentina hasta llegar a Puno”.
Sin embargo, por el Capac Ñan sólo podían circular las personas que tenían autorización, pues los caminos sirvieron para el tránsito del Inka y su séquito, sus funcionarios reales, sus ejércitos, los chasquis y otros personajes con permiso. Según Emilio Romero: “No eran caminos comerciales ni podían serlo”.
La utilidad de los caminos inkaicos radicaba también en que facilitó el intercambio de productos, impulsó la difusión de su cultura, permitió la movilidad militar a fin de proseguir las conquistas, así como coadyuvó en el mejor control del vasto Imperio.