Luchan día a día por salir adelante las mujeres emprendedoras
Todos los días siempre será lo mismo para ellas en el trabajo
Fuente : Correo / Puno  - Juliaca/Natalia Arce

El empeño, el trabajo y la abnegación siempre han caracterizado a la mujer juliaqueña. Como en pocas ciudades del Perú, las 4:00 de la mañana resulta siendo la hora de inicio de sus labores cotidianas. El comercio es la principal actividad realizada por las mujeres juliaqueñas, los mercados abren sus puertas muy temprano, y sin embargo, las cierran muy tarde. No hay horario para ellas, su deseo de superación y de salir adelante es mayor que el cansancio. Hablar de la mujer juliaqueña es hablar de trabajo, de entrega y lucha diaria. Son ellas las forjadoras de la imagen de Juliaca, como ciudad cosmopolita del altiplano.


Gregoria Cuno Cuevas es una anciana de 75 años, mujer que trabajó desde muy niña. A esta altura de su vida probablemente ya debería estar descansando, pero éste no es su caso. Pues ella tiene que mantener a sus 4 nietos, abandonados por sus padres. Gregoria tiene que despertarse 4:00 de la mañana, para salir a vender papel higiénico. Muchas veces su ganancia sólo alcanza los 2 soles diarios sin embargo esto no la amilana, todo lo contrario es un incentivo "así al día siguiente salgo con más ganas para tratar de ganar más", comenta con un brillo en los ojos. Colgados de su mano lleva a 3 pequeños, la mayor de sus nietos (10) ya trabaja ayudando a su abuela en la venta, mientras que el menor de ellos cargado en una lliclla en la espalda de Gregoria, a sus dos cortos años. Un caso de similar admiración es el de Zeferina Moroco, madre soltera de 5 niños. Ella con una caja de madera, grita a voz en cuello plantillas, cremas, betún; mientras camina sin rumbo por la calle Huancané, cerca al mercado Túpac Amarú. Junto a ella... el motivo de su lucha constante sus 5 pequeños. Pese a la sonrisa que muestra en el rostro cuando nos acercamos a hacerle la entrevista, Zeferina no tiene una vida fácil. Se levanta a las 4 de la mañana para prepararles el desayuno a sus hijos, dos panes secos que comparten entre todos y una taza de mate. A las 5:00 a.m. tiene que salir de su casa, pues desde la salida a Cusco al Túpac Amaru no es un recorrido muy corto que digamos. Así de multifacética es la mujer de hoy, que no sólo resalta en la labor del hogar o con los hijos, si no también que ahora sobresale en el trabajo, luchando día a día por ser mejor. Estos testimonios llenan de orgullo a la población porque son juliaqueñas y sobre todo porque son mujeres.

El empeño, el trabajo y la abnegación siempre han caracterizado a la mujer juliaqueña. Como en pocas ciudades del Perú, las 4:00 de la mañana resulta siendo la hora de inicio de sus labores cotidianas. El comercio es la principal actividad realizada por las mujeres juliaqueñas, los mercados abren sus puertas muy temprano, y sin embargo, las cierran muy tarde. No hay horario para ellas, su deseo de superación y de salir adelante es mayor que el cansancio. Hablar de la mujer juliaqueña es hablar de trabajo, de entrega y lucha diaria. Son ellas las forjadoras de la imagen de Juliaca, como ciudad cosmopolita del altiplano. Gregoria Cuno Cuevas es una anciana de 75 años, mujer que trabajó desde muy niña. A esta altura de su vida probablemente ya debería estar descansando, pero éste no es su caso. Pues ella tiene que mantener a sus 4 nietos, abandonados por sus padres. Gregoria tiene que despertarse 4:00 de la mañana, para salir a vender papel higiénico. Muchas veces su ganancia sólo alcanza los 2 soles diarios sin embargo esto no la amilana, todo lo contrario es un incentivo "así al día siguiente salgo con más ganas para tratar de ganar más", comenta con un brillo en los ojos. Colgados de su mano lleva a 3 pequeños, la mayor de sus nietos (10) ya trabaja ayudando a su abuela en la venta, mientras que el menor de ellos cargado en una lliclla en la espalda de Gregoria, a sus dos cortos años. Un caso de similar admiración es el de Zeferina Moroco, madre soltera de 5 niños. Ella con una caja de madera, grita a voz en cuello plantillas, cremas, betún; mientras camina sin rumbo por la calle Huancané, cerca al mercado Túpac Amarú. Junto a ella... el motivo de su lucha constante sus 5 pequeños. Pese a la sonrisa que muestra en el rostro cuando nos acercamos a hacerle la entrevista, Zeferina no tiene una vida fácil. Se levanta a las 4 de la mañana para prepararles el desayuno a sus hijos, dos panes secos que comparten entre todos y una taza de mate. A las 5:00 a.m. tiene que salir de su casa, pues desde la salida a Cusco al Túpac Amaru no es un recorrido muy corto que digamos. Así de multifacética es la mujer de hoy, que no sólo resalta en la labor del hogar o con los hijos, si no también que ahora sobresale en el trabajo, luchando día a día por ser mejor. Estos testimonios llenan de orgullo a la población porque son juliaqueñas y sobre todo porque son mujeres.

El empeño, el trabajo y la abnegación siempre han caracterizado a la mujer juliaqueña. Como en pocas ciudades del Perú, las 4:00 de la mañana resulta siendo la hora de inicio de sus labores cotidianas. El comercio es la principal actividad realizada por las mujeres juliaqueñas, los mercados abren sus puertas muy temprano, y sin embargo, las cierran muy tarde. No hay horario para ellas, su deseo de superación y de salir adelante es mayor que el cansancio. Hablar de la mujer juliaqueña es hablar de trabajo, de entrega y lucha diaria. Son ellas las forjadoras de la imagen de Juliaca, como ciudad cosmopolita del altiplano. Gregoria Cuno Cuevas es una anciana de 75 años, mujer que trabajó desde muy niña. A esta altura de su vida probablemente ya debería estar descansando, pero éste no es su caso. Pues ella tiene que mantener a sus 4 nietos, abandonados por sus padres. Gregoria tiene que despertarse 4:00 de la mañana, para salir a vender papel higiénico. Muchas veces su ganancia sólo alcanza los 2 soles diarios sin embargo esto no la amilana, todo lo contrario es un incentivo "así al día siguiente salgo con más ganas para tratar de ganar más", comenta con un brillo en los ojos. Colgados de su mano lleva a 3 pequeños, la mayor de sus nietos (10) ya trabaja ayudando a su abuela en la venta, mientras que el menor de ellos cargado en una lliclla en la espalda de Gregoria, a sus dos cortos años. Un caso de similar admiración es el de Zeferina Moroco, madre soltera de 5 niños. Ella con una caja de madera, grita a voz en cuello plantillas, cremas, betún; mientras camina sin rumbo por la calle Huancané, cerca al mercado Túpac Amarú. Junto a ella... el motivo de su lucha constante sus 5 pequeños. Pese a la sonrisa que muestra en el rostro cuando nos acercamos a hacerle la entrevista, Zeferina no tiene una vida fácil. Se levanta a las 4 de la mañana para prepararles el desayuno a sus hijos, dos panes secos que comparten entre todos y una taza de mate. A las 5:00 a.m. tiene que salir de su casa, pues desde la salida a Cusco al Túpac Amaru no es un recorrido muy corto que digamos. Así de multifacética es la mujer de hoy, que no sólo resalta en la labor del hogar o con el empeño, el trabajo y la abnegación siempre han caracterizado a la mujer juliaqueña. Como en pocas ciudades del Perú, las 4:00 de la mañana resulta siendo la hora de inicio de sus labores cotidianas. El comercio es la principal actividad realizada por las mujeres juliaqueñas, los mercados abren sus puertas muy temprano, y sin embargo, las cierran muy tarde. No hay horario para ellas, su deseo de superación y de salir adelante es mayor que el cansancio. Hablar de la mujer juliaqueña es hablar de trabajo, de entrega y lucha diaria. Son ellas las forjadoras de la imagen de Juliaca, como ciudad cosmopolita del altiplano. Gregoria Cuno Cuevas es una anciana de 75 años, mujer que trabajó desde muy niña. A esta altura de su vida probablemente ya debería estar descansando, pero éste no es su caso. Pues ella tiene que mantener a sus 4 nietos, abandonados por sus padres. Gregoria tiene que despertarse 4:00 de la mañana, para salir a vender papel higiénico. Muchas veces su ganancia sólo alcanza los 2 soles diarios sin embargo esto no la amilana, todo lo contrario es un incentivo "así al día siguiente salgo con más ganas para tratar de ganar más", comenta con un brillo en los ojos. Colgados de su mano lleva a 3 pequeños, la mayor de sus nietos (10) ya trabaja ayudando a su abuela en la venta, mientras que el menor de ellos cargado en una lliclla en la espalda de Gregoria, a sus dos cortos años. Un caso de similar admiración es el de Zeferina Moroco, madre soltera de 5 niños. Ella con una caja de madera, grita a voz en cuello plantillas, cremas, betún; mientras camina sin rumbo por la calle Huancané, cerca al mercado Túpac Amarú. Junto a ella... el motivo de su lucha constante sus 5 pequeños. Pese a la sonrisa que muestra en el rostro cuando nos acercamos a hacerle la entrevista, Zeferina no tiene una vida fácil. Se levanta a las 4 de la mañana para prepararles el desayuno a sus hijos, dos panes secos que comparten entre todos y una taza de mate. A las 5:00 a.m. tiene que salir de su casa, pues desde la salida a Cusco al Túpac Amaru no es un recorrido muy corto que digamos. Así de multifacética es la mujer de hoy, que no sólo resalta en la labor del hogar o con los hijos, si no también que ahora sobresale en el trabajo, luchando día a día por ser mejor. Estos testimonios llenan de orgullo a la población porque son juliaqueñas y sobre todo porque son mujeres.

El empeño, el trabajo y la abnegación siempre han caracterizado a la mujer juliaqueña. Como en pocas ciudades del Perú, las 4:00 de la mañana resulta siendo la hora de inicio de sus labores cotidianas. El comercio es la principal actividad realizada por las mujeres juliaqueñas, los mercados abren sus puertas muy temprano, y sin embargo, las cierran muy tarde. No hay horario para ellas, su deseo de superación y de salir adelante es mayor que el cansancio. Hablar de la mujer juliaqueña es hablar de trabajo, de entrega y lucha diaria. Son ellas las forjadoras de la imagen de Juliaca, como ciudad cosmopolita del altiplano. Gregoria Cuno Cuevas es una anciana de 75 años, mujer que trabajó desde muy niña. A esta altura de su vida probablemente ya debería estar descansando, pero éste no es su caso. Pues ella tiene que mantener a sus 4 nietos, abandonados por sus padres. Gregoria tiene que despertarse 4:00 de la mañana, para salir a vender papel higiénico. Muchas veces su ganancia sólo alcanza los 2 soles diarios sin embargo esto no la amilana, todo lo contrario es un incentivo "así al día siguiente salgo con más ganas para tratar de ganar más", comenta con un brillo en los ojos. Colgados de su mano lleva a 3 pequeños, la mayor de sus nietos (10) ya trabaja ayudando a su abuela en la venta, mientras que el menor de ellos cargado en una lliclla en la espalda de Gregoria, a sus dos cortos años. Un caso de similar admiración es el de Zeferina Moroco, madre soltera de 5 niños. Ella con una caja de madera, grita a voz en cuello plantillas, cremas, betún; mientras camina sin rumbo por la calle Huancané, cerca al mercado Túpac Amarú. Junto a ella... el motivo de su lucha constante sus 5 pequeños. Pese a la sonrisa que muestra en el rostro cuando nos acercamos a hacerle la entrevista, Zeferina no tiene una vida fácil. Se levanta a las 4 de la mañana para prepararles el desayuno a sus hijos, dos panes secos que comparten entre todos y una taza de mate. A las 5:00 a.m. tiene que salir de su casa, pues desde la salida a Cusco al Túpac Amaru no es un recorrido muy corto que digamos. Así de multifacética es la mujer de hoy, que no sólo resalta en la labor del hogar o con los hijos, si no también que ahora sobresale en el trabajo, luchando día a día por ser mejor. Estos testimonios llenan de orgullo a la población porque son juliaqueñas y sobre todo porque son mujeres.

El empeño, el trabajo y la abnegación siempre han caracterizado a la mujer juliaqueña. Como en pocas ciudades del Perú, las 4:00 de la mañana resulta siendo la hora de inicio de sus labores cotidianas. El comercio es la principal actividad realizada por las mujeres juliaqueñas, los mercados abren sus puertas muy temprano, y sin embargo, las cierran muy tarde. No hay horario para ellas, su deseo de superación y de salir adelante es mayor que el cansancio. Hablar de la mujer juliaqueña es hablar de trabajo, de entrega y lucha diaria. Son ellas las forjadoras de la imagen de Juliaca, como ciudad cosmopolita del altiplano.

Gregoria Cuno Cuevas es una anciana de 75 años, mujer que trabajó desde muy niña. A esta altura de su vida probablemente ya debería estar descansando, pero éste no es su caso. Pues ella tiene que mantener a sus 4 nietos, abandonados por sus padres. Gregoria tiene que despertarse 4:00 de la mañana, para salir a vender papel higiénico. Muchas veces su ganancia sólo alcanza los 2 soles diarios sin embargo esto no la amilana, todo lo contrario es un incentivo "así al día siguiente salgo con más ganas para tratar de ganar más", comenta con un brillo en los ojos. Colgados de su mano lleva a 3 pequeños, la mayor de sus nietos (10) ya trabaja ayudando a su abuela en la venta, mientras que el menor de ellos cargado en una lliclla en la espalda de Gregoria, a sus dos cortos años. Un caso de similar admiración es el de Zeferina Moroco, madre soltera de 5 niños. Ella con una caja de madera, grita a voz en cuello plantillas, cremas, betún; mientras camina sin rumbo por la calle Huancané, cerca al mercado Túpac Amarú. Junto a ella... el motivo de su lucha constante sus 5 pequeños. Pese a la sonrisa que muestra en el rostro cuando nos acercamos a hacerle la entrevista, Zeferina no tiene una vida fácil. Se levanta a las 4 de la mañana para prepararles el desayuno a sus hijos, dos panes secos que comparten entre todos y una taza de mate. A las 5:00 a.m. tiene que salir de su casa, pues desde la salida a Cusco al Túpac Amaru no es un recorrido muy corto que digamos. Así de multifacética es la mujer de hoy, que no sólo resalta en la labor del hogar o con los hijos, si no también que ahora sobresale en el trabajo, luchando día a día por ser mejor. Estos testimonios llenan de orgullo a la población porque son juliaqueñas y sobre todo porque son mujeres.
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JULIACA

JULIACA, mi madre tierra,
obra gigante y extraña
de fríos vientos y lluvia
emoción altipampina.

Fuerte granizo de estrellas
canta tu noche en el cielo
para el sueño misterioso
de tus ONCE MILLONES

JULIACA, mi madre tierra,
suma de esfuerzos y fortuna,
la bandera del progreso
en alto haces flamear.

¡Salud! Inquietante suelo
de risueñas calceteras,
cuna de machuaychas y chiñipilcos,
música de cogotudos y panzaccalas.



JULIACA FLOR DEL ALTIPAMPA

Juliaca flor del altipampa
ciudad que alzas de distancia fecunda,
con la insignia bordada siembras el trabajo
obrando empeño que aspira tu ideal.

Cómo salta el viento de frágil remolino
cómo tiembla el frío en la sangre que circula.
Qué extraña es tu aventura en los caminos
corren los vientos silbando presurosos.
Muerden las chilliguas relámpagos de granizo
y las palomas viajeras.
A su paso sorprenden ufanas calceteras.

Vicente Benavente Calla (Juliaca - Perú)
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