LUGARES DONDE LOS ÁNGELES NO HAN PODIDO LLEGAR “Las últimas señales que hice para el otoño se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos” JUAN GELMAN
No es difícil imaginarlo caminando incansable por las calles frías de Juliaca. Un silencio hecho de mil palabras descansa en la comisura de sus labios. Hoy lo he visto caminar por la plaza que un día de diciembre escuchó, como en octubre, los versos del poeta Vicente. Hoy comprendí aquellas palabras que alguna vez leí en algún libro: los escritores son pequeños dioses porque pueden crear o destruir lo que por su mente pase, pueden inventar mundos fabulosos, personajes únicos y, sobre todo, sentimientos increíbles. Ahora resulta comprensible amar su poesía, leer sus versos una y mil veces. Pensar en el maestro y su obra. Saber que viene creando poema tras poema esos libros que después saldrán a decir tantas cosas de él. En estas tardes de Juliaca eterna el frío es el sustento que la hace especial, mientras el poeta, a la lumbre de una hoguera construirá el canto del silencio. Cuando llega la noche, seguro que alumbra la oscuridad con sus ojos pensativos.
Yo leía sus poemas cada vez que podía, pero un día descubrí que la
poesía se estaba volviendo en mí en algo así como una necesidad.
Entonces revisé los orígenes de esta urgencia llamada poesía; después
de mucho pude encontrar entre otras cosas, guardado en mi gaveta, el
libro que un día con asombro leí, se llama “JULIA”. Lo leí nuevamente
con el mismo fervor de siempre y por fin me di cuenta que su autor,
don Vicente Benavente Calla, igual que hoy, estaba lleno de
sensibilidad.
Muchas veces, desde que conozco la poesía, he intentado ser algo, como
un poeta, un escritor pero he comprobado con tristeza que es difícil,
ahora mismo, en esta historia trato de ser sensible y llegar a fabricar
algunos versos, pero no puedo. Y es justo en este momento que puedo
imaginar un sitio lejano en el que se ve claramente al tiempo
transcurriendo sin cesar, confundiéndose con las hojas secas de otoño o
con el declinar del sol, muchas veces sonriendo en el minuto final de
una hora señalada. Ese es el tiempo, un joven guerrero que no para
hasta siempre y por siempre, que corre y corre llevándonos de la mano
con él.
Pero lo que busco es un poema, busco escribir un poema como los cientos
de poemas que ha escrito el poeta Vicente. A veces pienso que la poesía
viene a mí con calma; y por ejemplo -ahora transcurre ligera entre la
arena y el sol- es una pequeña polvareda que se va tornando en ese
remolino que al llegar la noche te envuelve entre su claroscuro manto
en el que una vez dentro, tú empiezas a soñar. Sin embargo, a pesar aún
de los pesares no encuentro el punto de partida, la magia de la poesía
que me lleva a su jardín. Y hasta a veces dudo que algún día en verdad
llegue a tocar el olimpo que el poeta Vicente ha tocado. Pero hoy
estoy decidido a llegar a los brazos de la poesía, por eso saldré ha
buscar a don Vicente, iré a encontrarlo para preguntarle por dónde
puedo empezar esta historia y ya no imaginar a la poesía como una dama
pálida y con las mejillas casi oscurecidas, pero sin ningún miedo al
contemplar los desiertos y mares que seguramente atravesará antes de
llegar a mí.
Hoy me he puesto ha pensar decididamente. Saldré a buscar al poeta
calcetero, encontraré a don Vicente Benavente Calla y seguro que me
dará la receta (si existe) y yo le diré: qué bueno es saber que
siempre estarás con nosotros, que no te irás nunca y ya te extrañamos,
poeta.
Y más allá de todas estas ganas y anhelos de ser como tú, debo
reconocer que cada verso tuyo ha llegado a mi alma, a los lugares donde
los ángeles no han podido llegar. Si en verdad la poesía es esa flor
que lenta transcurre en los atardeceres de cada día para luego
acostarse bajo la luna entonando una canción que todo aquel que la oye
se torna en un tipo que empieza a querer cantar igual que ella, dicen
que la poesía tiene una sonrisa que es amarga y dulce a la vez, dicen
que el ingresa a sus moradas jamás puede salir, dicen tantas cosas que
ya quiero oír esa canción
Al fin lo he podido encontrar, ahí está, lo busqué en las bibliotecas,
en las librerías, en las calles solitarias, en las presentaciones de
libros, en los salones de exposición de pinturas y en todo lugar donde
me dijeron que podía estar. Pero lo he encontrado aquí en la principal
calle de Juliaca, parece conversar con el viento. Ahora está caminando
como todo un poeta, como lo que es, por las frías calles de Juliaca. Lo
veo luminoso, da la impresión de que está maquinando un poema. Imagino
la música que emana de su poesía, unas palomas cruzando los sueños y
tejiendo en los ojos las imágenes de un lago azul, tan alto como los
andes, y allí veo reflejarse a un jovencito que probablemente debo ser
yo, mirando desde lejos a la poesía, y más adelante a un poeta
recitando los más dulces poemas frente a un pueblo llamado Juliaca,
todos dicen ¡viva el poeta! Y don Vicente sonríe, guarda sus poemas y
yo empiezo a leer los libros que aún me faltan, todos estos libros que
me aguardan en la penumbra, mientras veo la felicidad del mayor poeta
calcetero, empiezo a alejarme de aquí, esta ha sido la mejor lección de
este personaje a quien tanto conozco y admiro. Pero especialmente a
su estilo de escribir, a su manera de tallar cada verso y hacer que
vibre aquel lector que un día empezó un verso suyo y no lo ha podido
dejar, como yo, como todos y la poesía.
AUTOR: Ronald Canaza Condori - 3er Grado
Docente asesor: Darwin Bedoya Bautista
I.E.P.: “Alfredo Bryce Echenique”
El cuento “LUGARES DONDE LOS ÁNGELES NO HAN PODIDO LLEGAR” Mereció el
Primer Premio en el Concurso EL QUIJOTE DE MI LOCALIDAD en la UGEL
“San Román”, Primer Premio en el Concurso Regional Puno, Segundo
Premio Nacional en Lima- Perú en el 2005.
Ronald Canaza es en ferviente lector de poesía, diariamente se le puede
ver en su colegio escribiendo poemas, pero de los modernos. Admira a
T.S. Eliot, Octavio Paz, Pablo Neruda, Juan Gelman, J.E.Eielson, J.
Sologuren y, por supuesto, a los poetas puneños, especialmente al poeta
Vicente Benavente
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